La llegada a la guardería de nuestros niños llorando es un hecho normal que no nos debe preocupar. Y si lo pensamos es algo lógico, porque está en un lugar desconocido para él, con gente que tal vez nunca había visto antes y que tienen que romper con la figura de la madre con el que podría haber vivido un estrecho contacto durante muchos años.

La inclusión en la guarderia, es un momento delicado, que debe ser experimentado por los padres con extrema calma y comprensión, pero también con firmeza y sin pensarselo dos veces: el niño debe estar tranquilo, preparado en días anteriores, pero no hay que ceder a las lágrimas.

Ayudemos a los maestros de la guarderia, los que nos darán el mejor consejo con el fin de que los niños estén a gusto. No llores con ellos, anímales con besos y caricias, diciéndoles que vamos a volver a recogerlos después de haber jugado con nuevos amigos.

En caso de duda, pida ayuda a los profesores, saben cómo actuar en estos casos.

Fotografía de www.bebesymas.com

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